#AgendaCiudadana: Sandra Miranda De Paz

Sandra Miranda De Paz es abogada y maestranda de estudios de género por la PUCP. Actualmente ejerce el cargo de presidenta del colectivo EsMomento.

Entrevista: Gianluca Fiorini

1. ¿Cuáles son y de dónde surgen las principales barreras que limitan la presencia de la mujer en el campo político? 

El ámbito político (en términos amplios) no ha sido diseñado por las mujeres ni para su acceso. Este es un problema de origen que requiere múltiples ajustes para poder garantizar su participación en condiciones adecuadas. 

Durante generaciones, el capital masculino ha venido eligiéndose a sí mismo y adecuando el sistema electoral a la medida de sus necesidades. La principal barrera, a mi parecer, se encuentra en la imposibilidad de imaginar a las mujeres como sujetos políticos activos, destinándolas a lo doméstico, la casa y la maternidad. Y es que se parte de la premisa errónea que, siendo la casa su espacio natural, ese debe ser su espacio prioritario. Y no es así. 

Mientras no desmontemos los prejuicios respecto a lo público y lo privado y no garanticemos que ambos contextos puedan ser compatibles para hombres y mujeres, las medidas accesorias que se vienen implementando tardarán mucho en tener eficacia real. 

2. ¿Hemos avanzado en conseguir una representación sustantiva en los espacios de poder? ¿Cómo se puede seguir avanzando en este frente? 

Los innegables avances que se han venido logrando a través de las cuotas, alternancias y paridad, son insuficientes en países del sur global en el que confluyen múltiples formas de discriminación. Las mujeres que se encuentran alejadas de la urbe, en medio de conflictos socio-ambientales y que no cuentan con recursos económicos suficientes para que alguien se encargue de la carga doméstica, difícilmente podrían decantarse por ingresar a la política activa, la misma que requiere estar justamente fuera de la burbuja “casa”

La idea no es pasar de un panorama de exclusión de las mujeres en política a uno en donde solo algunas puedan pagar el sacrificio. Para ello, resulta fundamental el compromiso del capital masculino, que es con quienes venimos interactuando y frente a quienes se necesita deconstruir los prejuicios que se tienen sobre las mujeres en los espacios de poder y toma de decisiones. 

3. ¿Qué se entiende por deconstrucción? ¿Cómo se vincula ello con la participación de las mujeres en política?

Desde pequeños hemos socializado dentro de un sistema de jerarquías en función de razas y géneros. Como decía Foucault, muchos de los usos y costumbres que hemos venido adquiriendo son resultado de espacios de disciplinamiento y control: la casa, la escuela, las instituciones. 

La “deconstrucción” se viene utilizando en los últimos años para hacer referencia a la necesidad de repensar las prácticas adquiridas en el sistema sexo – género, es decir, de aquel sistema que presupone roles para mujeres y hombres, formas de comportamiento e interacción en la sociedad. Justamente, reconociendo que hemos sido socializados frente a la exclusión y la discriminación, la deconstrucción es verbo, es acción; implica sacudirse y problematizar pensamientos que considerábamos normales o inocuos, pero que en realidad tienen una tremenda carga sexista, machista, racista, etc. 

El filósofo Derridá introduce este término en los estudios filosóficos como una forma de reorganización del pensamiento occidental, que nos permita identificar las contradicciones y desigualdades; es decir, utilizarla como una aproximación que nos permita leer el subtexto.  

¿Por qué deconstruir en política? Porque damos por descontado que es un espacio para el capital masculino. Cuando pensamos en especialistas, en expertos, en líderes, seguimos pensando en atribuciones masculinas o masculinizables. 

Estos modos de pensamiento no surgen necesariamente de un proceso lógico y de análisis sino de conocimientos adquiridos que damos por sentados y que asumimos como “lo natural”. Si partimos del supuesto de que “la mujer es naturaleza y el hombre es cultura”, y así nos socializamos durante generaciones, no resulta extraño que por default excluyamos a las mujeres del espacio público. Ese justamente es el reto: desmontar los prejuicios, las barreras y limitaciones; así como, reconocer que los avances en esta materia son lentos e impermanentes.

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