La dignidad sí alimenta (fascismos y poscréditos electorales 2021)

Por Alejandra Bernedo

Hay un daño que ya está hecho tras este proceso electoral, aunque el maestro rural le ganó a la hija del dictador. Se le llamó ‘libertad’ al amedrentamiento de trabajadores o al intento de inducirlos al voto fujimorista. Se le llamó ‘democracia’ al pedido de anulación de votos bajo el argumento de que los votantes de la sierra no saben contar y son fáciles de manipular. Se vistió la camiseta para demostrar que se defiende lo antes mencionado. Se llamó ‘terruco/a’ al que no piensa igual. ¿En qué momento se jodió el Perú? No hay un instante único, sino que sucede cada día. Y no debemos replicarlo más.

Una herramienta de la campaña naranja -creada por quien tuvo la solvencia para pagar paneles gigantes- fue colocar frases como “me Kae mal pero no hay de otra”. Hay una idea errada de que el antifujimorismo es un rechazo infantil por Keiko y Alberto, tal como el colegial de la sección B que odia al de la sección A. Parecen no recordar lo mucho que los Fujimori encarnan la desigualdad y la injusticia. Su red de favores bajo la mesa fue la que blindó jueces infames como César Hinostroza, mientras que desapariciones y esterilizaciones forzadas siguen sin reparación por décadas; la que coloca a personajes como Becerril o Aguinaga en el Estado, con el fin de tener poder para pagar los favores que hagan falta; la que compra medios de comunicación que desinforman, discriminan, a la vez que fingen imparcialidad. Sin contar la obstrucción que hicieron a sus respectivos procesos judiciales el padre, hijo e hija. Sin ética no hay futuro, y el fujimorismo es la ausencia de la ética. El antivoto de Keiko es el de personas que quieren frenar una de las máquinas más grandes de la corrupción peruana.

¿Cómo todo esto se convirtió en sinónimo de democracia? La historiadora Cecilia Méndez explicaba en el programa No Hay Derecho de Ideele Radio que esto es similar al lenguaje empleado en la Guerra Fría. El comunismo es una postura política que fue difundida por sus rivales como enemiga no solo de ellos, sino de toda la democracia, a pesar de contar con países democráticos con políticos comunistas. La oposición comunismo =/= democracia le ha servido a movimientos peligrosos no-comunistas para enquistarse en cargos públicos de países democráticos. En el Perú, lo vemos hoy con el keikismo.

Se ha hablado de un fascismo peruano o fascismo fujimorista, tras presenciar en una de las movilizaciones a favor de la candidata que sus adeptos portaban antorchas tiki, banderas hispanistas y mensajes racistas. El historiador italiano Emilio Gentile dijo para la BBC que él consideraba que los nuevos movimientos denominados fascistas debían de ser llamados de otra forma. ¿El motivo? No es para ser más gentiles con ellos, sino para señalar sus propias características, las cuales suelen ser racistas y xenófobas, pero que hoy se instauran en democracias. Afirman hablar en nombre de la voluntad popular, pero niegan que ésta sea extensible a todos los habitantes del territorio nacional. Usan el voto, lo manipulan y pretenden con el consentimiento poblacional captar el poder, vejando poblaciones.

Una de las frases más citadas en redes sociales por quienes invocaban a votar por Keiko Fujimori fue “De la dignidad no se come”. La eliminación de un valor indispensable como la dignidad pone en riesgo toda la convivencia social. El respeto hacia uno mismo y hacia el otro, sin importar cuál sea su condición, no puede ser suprimido, sino que tiene que ser una base. Los votantes de Pedro Castillo no solo fueron criticados por apoyar a un candidato con cuestionamientos técnicos o de fondo, sino que fueron humillados y hasta se pidió despedirlos o quitarles toda ayuda. Ser marrones, de acento no limeño, no vestir de sastre ni de ciertas marcas hacía que no merezcan dignidad. Debían vender la dignidad que tenían si querían comer. Un sistema político que se asienta en una sociedad con esta visión no merece ser llamado democrático. La lucha por la democracia debe ser la lucha por la dignidad de todos y todas. Esta es nuestra misión como sociedad civil tras el proceso electoral. “Les dejo la utopía de un mundo unido, solidario, justo y equitativo”, como decía Arguedas.

Fotoportada: Rupa Flores @rupachay

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