Las sendas revolucionarias de Rodrigo Machado: un derrotero sin derrota

Por: Gianluca Fiorini

Lo que pensé al oír por primera vez su nombre fue el sentimiento de él mismo escabulléndose entre mis recuerdos, entre mi memoria. Cuando lo volví a escuchar, no era extraño: era más bien como si mi hermano me estuviese hablando.

No existe, en mi opinión, una persona polémica, pero sí existen personajes que encarnan ideas, y es imposible negar el potencial polémico que estas traen consigo. Javier Heraud nació en una época y en un contexto que le propusieron una carrera de vida completamente distinta a la que hoy en día llamaríamos normal, segura y correcta: el joven de clase alta que se hizo poeta, para hacerse guerrillero. El revolucionario al que asesinaron los policías entrenados por los Boinas Verdes, el joven de 21 años que murió baleado en el río Madre de Dios. 

A más de 55 años de la muerte de Heraud, es hora de redimirlo de las condenas injustas que, sobre él, muchos hacen pesar. Es hora de traer su figura hacia nuestro tiempo, invitarlo a que se siente frente nosotros, mirarnos para adentro y pensar en qué es lo que nos toca.

No solo en su caso, sino también para muchas otras personas que siguieron el camino de las guerrillas, una fracción de la sociedad moderna tiene reservada la palabra “terrorista” para definirlos. Hay una diferencia clara entre un terrorista y un guerrillero. Una organización terrorista ataca indiscriminadamente a las personas y basa su accionar en métodos cobardes tales como ataques a lugares residenciales u ocultarse entre la población civil. Todo esto lo sabemos de sobra los peruanos por la experiencia vivida con el grupo terrorista de influencia maoísta Sendero Luminoso. Sin embargo, toca hacer ahora una diferenciación entre este grupo de criminales y los guerrilleros que actuaron durante los años sesenta en nuestro país, y que por esas fechas marcaban una tendencia en la región entera. 

Estos grupos estuvieron influenciados por el éxito de la Revolución Cubana de 1959 y buscaban reivindicar los derechos de las poblaciones oprimidas en América Latina frente a gobiernos aristocráticos, dictatoriales y de la intervención imperialista de los Estados Unidos. Para esto usaron tácticas guerrilleras, las cuales no contemplaban atacar indiscriminadamente, sin diferenciar entre objetivos civiles y militares: se identificaban, lo que significa que, aunque ocultos en las selvas, daban la cara al ejército regular evitando a toda costa la posibilidad de ser confundidos con civiles, evitando así la “guerra sucia” de la que sí podemos responsabilizar a Sendero. En otras palabras, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla a la que perteneció Javier Heraud, jamás hubiese asesinado a sangre fría a 69 pobladores del pueblo de Lucanamarca, o hubiese puesto un coche bomba en una calle residencial de alta densidad. Definir “guerrilla” y “terrorismo” puede resultarnos una tarea titánica, más aún por el hecho de que muchas veces lo teórico puede distar mucho de lo práctico. Sin embargo, sí es posible y necesario establecer que hay una diferencia entre estos dos términos.

A pesar de esto, aún hay personas que dicen que Heraud, Hugo Blanco y muchos otros guerrilleros son unos aficionados a la violencia por haber tomado las armas cuando la democracia ofrece otros medios. Yo pregunto, frente a ellos: ¿qué democracia?

Perú, 1960: dudo mucho de que sea posible llamar “democracia” a aquello que había en el país. El poder estaba concentrado en un grupo social reducido y el derecho a voto estaba reservado tan solo para un sector minoritario de la población. Los indígenas, la mayoría de los peruanos, eran discriminados racial y culturalmente. Muchos vivían subyugados bajo un régimen de esclavitud en las grandes haciendas. No es agradable aceptarlo, pero es necesario: en el Perú la esclavitud no se erradicó hasta la Reforma Agraria de Velasco en el año 1969. Es en este contexto que surge la lucha armada en forma de guerrilla en nuestro país. Hoy en día, un proyecto guerrillero no encuentra lugar porque ahora, a pesar de que siguen prevaleciendo muchas injusticias, ya todos pueden expresarse mediante el sufragio, lo cual no ocurría en aquellos tiempos.

Hoy en día, ¿quién es un terrorista? Creo firmemente que para alcanzar la paz es necesario romper con la tranquilidad imperante. Me refiero a la tranquilidad como a aquel círculo vicioso, a aquel statu quo en el que todo funciona, en el que la máquina avanza; pero quizá no avanza como debería, quizá no avanza con todos ni para todos. Romper con la tranquilidad es asumir cada protesta, cada injusticia, cada acto deplorable de la corrupción del sistema como una tragedia aborrecible; dejar de asumir como normal la podredumbre y actuar frente a ello es romper con la tranquilidad. En un país sumido en el caos y la fractura social, permanecer en silencio es un acto de terrorismo.

No es esta, sin embargo, la única de las críticas que pesan sobre Heraud. También están los que dicen que no supo aprovechar su don de letras: que hubiese podido haber sido un gran poeta, un gran intelectual, que malgastó su vida entregándose a una causa perdida (las guerrillas) y que nunca debió aventurarse en tal empresa, tal vez, sí, suicida. El historiador británico Eric Hobsbawm habla sobre las guerrillas en Latinoamérica y hace alusión directa a la experiencia guerrillera peruana de los años sesenta. Señala que estos grupos guerrilleros estaban, desde un inicio, destinados a fracasar por “puro amateurismo: por ejemplo, el desconocimiento de los idiomas de los indios o las condiciones locales, por obsolescencia estratégica y táctica; por ejemplo, el hecho de no estar al tanto de las nuevas posibilidades y fuerzas de la «contrainsurgencia», por una impaciencia desacertada” (Hobsbawm, 1970), y razón no le falta.

Sin embargo, es necesario hacer una diferencia: una cosa es la realidad de las guerrillas, sus posibilidades, sus tácticas, etc. y otra es la entrega de quienes en ellas participaron. La inocencia del sueño guerrillero no mella la bravura ni hace menos intensa la valentía, el arrojo y la conciencia de quienes con él partieron: “el hombre que saca pecho para pelear y sabe que va a morir, cree que es la simiente de un futuro mejor, que su sangre es abono de buena tierra y su muerte semilla de revolución” dirá el periodista Augusto Zimmermann. La elección guerrillera de Javier va mucho más allá de un mero análisis frío de la situación y aún así no fue un sacrificio en vano, ya que también en palabras de Zimmermann, “cuando el Ejército dio la cara  a las guerrillas, quedó herido, no en su estructura, ni en su fuerza, sino en su sensibilidad humana” (1969) y es esa sensibilización, esa toma de conciencia la que condujo al golpe militar de 1968, el cual trajo reformas decisivas que apuntaban a forjar una sociedad más próspera y justa

En palabras del catedrático peruano Victor Vich, Heraud es “la figura de quien posterga todo proyecto personal para entregarse a una causa colectiva”, así como “la imagen de quien, en el medio de sus contradicciones y errores, optó por entregarse, con generosidad, a este mundo”. Es imposible negar la calidad de su poesía y que con el paso de los años pudo ir mejorando muchísimo más; que pudo haber iniciado una obra ensayística de denuncia que podría servir de referente para los investigadores hasta nuestros días;  y quién sabe qué más. Pero el sacrificio en la guerrilla va mucho más allá. Es el hecho de no haber quedado en las palabras, en el estudio, de no haberse quedado en la comodidad del hogar y del escritorio. Actuó, convirtió en obras su pensamiento. Lo mismo que un Cristo clavado al madero por no permanecer al margen de los problemas de su tiempo, Heraud es mártir que llegó hasta las últimas consecuencias de sus ideales.

Traer la figura del poeta en cuya vida se encarnó el idealismo implica escucharlo atentamente. “La vida se me envuelve en la garganta / no puedo resistir más opresión” rezan dos versos de uno de sus poemas más conocidos, uno de esos que escribió bajo el pseudónimo de Rodrigo Machado. He ahí su mensaje, su legado, sus palabras infinitas dirigidas a quienes lleven en el alma la ferviente juventud de quien no puede permanecer en silencio.

Cabría ahora la pregunta: ¿de qué revolución pueden hablarnos revolucionarios cuyas revoluciones fueron desbaratadas con la facilidad con la que el sol destruye la noche? Muchos de los miembros de los grupos guerrilleros peruanos fueron abatidos, como es el caso de Javier, o encarcelados, como muchos otros. Es falso hacer una generalización y decir que todos los movimientos guerrilleros estaban destinados a fracasar, pero estos sí requerían de determinadas situaciones y características para poder alcanzar el éxito. Sin embargo, es posible afirmar, pese a la contradicción aparente, que Heraud alcanzó el éxito en su revolución.

¿Qué es la Revolución Peruana? Bien podrían trazarse una infinidad de propuestas políticas esbozando diferentes ideas de sistemas que traigan prosperidad. Esta concepción no es descartable para nada, y de hecho, es necesaria. Sin embargo, la Revolución Peruana que Heraud llevó a cabo hasta su victoria, es, según yo, el hecho de haber nacido en la cúpula de los privilegios sociales, de haber sentido esa sensación de que la vida se le envolvía en la garganta y de haberlo dejado todo para ir al encuentro de otros peruanos; de otras historias, de otras realidades; peruanos con los que en una vida ordinaria estaría extremadamente distanciado y, para esto, haber llegado hasta las últimas consecuencias.

Es esa la Revolución que nos llama, es esa la Revolución la que vivió Javier y que todos deberíamos transitar para llegar a un país mejor: dejar de lado todo aquello que en la sociedad nos define para redefinirnos como peruanos apuntando a la unidad. Es ver en cada rostro a un hermano, en nuestra patria un proyecto hermoso, una masa para ser moldeada, un poema que ha de ser escrito y dejarlo todo en la lucha para encontrarlo.

***

Gianluca Fiorini es estudiante del 5to de secundaria del Colegio de la Inmaculada-Jesuitas. Acaba de ingresar a la carrera de Ciencia Política en la PUCP y es colaborador de Es Momento.

Edición: Alejandra Bernedo

Diseño de imgane: Cristhian Rojas

Bibliografía:

Hobsbawm, E. (2018). ¡Viva la Revolución! Sobre América Latina. Buenos Aires: Paidós.

Vich, V. (2019). Javier Heraud: el reto a la melancolía. Lamula.pe. https://victorvich.lamula.pe/2019/09/28/javier-heraud-el-reto-a-la-melancolia/victorvich/

Zimmermann, A. (1969). El plan Inca: objetivo, revolución peruana. Lima: El Peruano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s