La paradoja del patriarcabro peruano

Por: Gabriela Zavaleta Vera

Lo gay o bisexual no te quita lo machista, racista ni clasista.

El inicio del mes del Orgullo LGBTIQ del 2020 viene acompañado de necesarias protestas contra la brutalidad policial que actúa como agente protector del racismo institucionalizado en EEUU. Las personas LGBTIQ no somos ajenas a las protestas, ni a los golpes de la policía ni a sus bombas lacrimógenas, pero las maricas que conocemos el olor del gas lacrimógeno estamos más abajo en la pirámide de clase que tiene en su cima al patriarcabro.

Patriarcabro son los hombres gays o bisexuales que se benefician de las estructuras sociales que sostienen el poder que ellos disfrutan. Son los gays que se limitan a rechazar los aspectos más superficiales de la discriminación por orientación sexual, la violencia más visible, pero hasta ahí nomás. Las otras violencias que atraviesan a las personas LGBTIQ más vulnerables no les son cercanas, y son inmunes a pensar y criticar el racismo, el machismo, la xenofobia, el clasismo, el fascismo.

Patriarcabro son los hombres gays blancos liberales o libertarios que veneran las libertades individuales mientras nadie se meta con su libertad para pasar por encima del resto, proclamando la incuestionabilidad de sus opiniones: es tu roche si te ofende.

Patriarcabro son todos los hombres que mantienen en privado su orientación sexual porque hacer pública su cabritud perjudicaría su imagen de hombres respetados, temidos, importantes, hombres que prácticamente son gays o bisexuales por coincidencia, porque significaría menos acceso al poder económico, menos lugares donde publicar sus columnas de opinión, pero igual se dejan ver en fiestas y reuniones donde solo se mezclan entre su misma clase y su mismo color de piel. Las maricas con pluma no existen en su círculo social.

Patriarcabro es colaborar activamente con el sostenimiento de las estructuras que los benefician a ellos y a sus amigos, sin mayor reparo en si lo que hacen cotidianamente perjudica a personas más vulnerables que los patriarcabros y su círculo de mortífagos, porque están en todo su derecho de extraerle todos los beneficios que puedan al mundo que los rodea. Patriarcabro es defender gobiernos de derecha, autoritarios y fascistas, porque garantizan libertad e impunidad a sus amigos empresarios y a sus propios negocios, a pesar de que alrededor suyo los demás enferman y mueren a causa del valor del poder sobre la vida.

Patriarcabro es criticar las formas de protestas de personas y comunidades que demandan para sí el mismo trato digno que ellos tienen garantizado desde nacimiento, manteniéndose a una conveniente distancia de la propia historia de protesta y rebeldía de la comunidad LGBTIQ a la que miran por encima del hombro. Son las formas en que se sienten superiores al resto de la comunidad por todo lo que el dinero y la clase les permiten disfrutar, negándose a reflexionar sobre la injusticia de que para ellos existe todo y para el resto existe violencia.

Patriarcabro es frecuentar y aspirar a vínculos y círculos con líderes antidemocráticos y homofóbicos, pero que a ellos sí los aprecian porque su mariconez está bien blanqueada: son deseables, moderados, no son escandalosos y se unen a las burlas comunes contra las cabras racializadas, marginadas y afeminadas.

Los patriarcabros jamás van a conocer el significado de “comunidad” porque para ellos solo importa conservar el poder para los de su propia clase, nunca compartirlo, nunca cuestionarlo. En cambio, nuestra comunidad será tan fuerte que los patriarcabros tendrán que escoger entre detenerse, reflexionar y pedir perdón convirtiéndose en agentes para la justicia, o retirarse a las cavernas desde donde se convencen a sí mismos de que sus opiniones le hacen algún bien al país. A las personas LGBTIQ que creemos en el valor de la justicia nos toca cerrarle los espacios a aquellos que niegan el racismo y el clasismo, promueven la injusticia, y se benefician del clóset o de la heteronormatividad para defender ideologías que se traducen en discriminación, violencia y muerte.

* Gabriela Zavaleta Vera, activista LGBTIQ, lesbiana feminista y presidenta de Más Igualdad Perú

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