Población vulnerada: los canillitas en la crisis sanitaria

Por Alejandra Bernedo

Existen decenas de oficios, algunos en actividad, que no cuentan con la seguridad básica para subsistir a la pandemia. Incluso antes -y que esto quede claro-, ya se encontraban desprotegidos de varias formas. El modo en que su salud se veía afectada pasaba mucho más desapercibida. Este es el caso de los canillitas. Ellos tienen permitido su trabajo, hoy en calles casi vacías, con escasas ventas de periódicos, y expuestos tanto al virus como a la desigualdad.

Si la vieja normalidad no nos permitía ver quién está en el quiosco o esquina de venta de diarios, la nueva realidad nos lo hace observar. Por su rango de edad –de 50 años a más-, los canillitas tienen una salud delicada. Se ven afectados por males como la hipertensión, asma, diabetes, problemas musculares o renales. Son una población sin vacaciones, sin gratificaciones, sin descansos médicos pagados ni jubilaciones, ni todo aquello que se otorga a quienes se encuentren en planillas empresariales. Los expendedores de diarios forman parte del mercado y contribuyen a la economía del país, pero no tienen acceso a buena parte de la seguridad que otros ciudadanos poseen.

Como sabemos, la  labor de la prensa es vital, más aún en tiempos de pánico, para informar de manera segura. En esta cadena de divulgación, los canillitas tienen un papel esencial. La producción periodística no se movería en las calles sin aquellos que recogen cada madrugada lo impreso en los puntos de acopio para dirigirse hacia sus puestos y, en ocasiones, hacer entregas a casas de su zona. Es con su actividad que se generan ingresos a las empresas editoras y hacen llegar al público su producción periodística.

¿Cómo los ha impactado la pandemia? El primer golpe, evidentemente, es a los ingresos. Sus ventas han caído en un 70%. Sus ingresos pueden ser de apenas s/.10 o s/.15 al día. El viaje desde su casa hacia el punto de acopio y luego al puesto de venta resulta costoso debido al incremento de pasajes.  Todo esto, además, los expone al contagio o propagación del virus. No tienen seguro. Ir a atenderse al hospital supone otro riesgo y perder una jornada de trabajo, pese a ser poca la ganancia. Si algunos podemos pedir permiso médico al empleador, el sector del autoempleo no tiene a quién solicitar ayuda. Quien debe ver por esto es el Estado. Y es a quien hoy piden no ser desatendidos.

Como nos comenta Juana Corman, canillita del sindicato de Chacarilla del Otero de San Juan de Lurigancho, la situación en Lima es grave, pero en provincias es alarmante. Los diarios solían llegar vía aérea o terrestre, y hoy no alcanzan a ser entregados en muchas zonas. Es por todo ello que el 50% de expendedores no puede trabajar. La Federación Nacional de Vendedores de Diarios, Revistas y Loterías del Perú (FENVENDREPL) tiene padrones de registro de su población laboral por cada región. Ellos mismos constatan que la mayoría de sus compañeros no han recibido los bonos ofrecidos por el gobierno. Estos registros fueron puestos a disposición del Ministerio de Trabajo, solicitando que consideren a sus inscritos como receptores del bono de s/.380. Como paliativo, la FENVENDREPL gestiona ayuda benéfica y han hecho que esta pueda llegar a 5 de los 24 departamentos peruanos. Hace poco, falleció su subsecretario, Cecilio Fiestas, y vimos como un medio cubrió el deceso de un canillita en su quiosco del Callao, en el que pernoctaba. Estos son solo dos casos de pérdidas que se dan cada semana de la crisis sanitaria. La necesidad de que perciban un bono estatal es imperante. No se habla aquí de un beneficio, sino de un pedido justo.

En una sociedad en la que todo se explica con cifras, conviene decir que los canillitas son el sustento de cerca de 30 000 familias a nivel nacional. A la fecha, un primer gesto ha venido desde las empresas editoras, entregando guantes y mascarillas. Pero hace falta más. Van sumando fallecidos cada día. Los pedidos de donativos apoyados por personas bien intencionadas no pueden ser el reemplazo de una política estatal necesaria, aunque se descubriera mañana la ansiada vacuna. El acceso a la salud no puede depender de la riqueza individual de cada persona. Quien está padeciendo por esto no solo es población vulnerable: es población vulnerada. En esto, esperamos que se faciliten las coordinaciones entre los dirigentes del gremio laboral y las autoridades encargadas. Si antes del virus, nada de esto se pensó, hoy se tiene que actuar. ¿Quién desde su sillón sabrá decir cuántos muertos tiene a sus espaldas?

* Agradecimientos a Juana Corman y Carlos Aguilar, representantes sindicales del FENVENDREPL, por la información brindada para esta nota.

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Alejandra Bernedo es historiadora del arte por la UNMSM. Actualmente se desempeña como gestora cultural, redactora, es colaboradora del colectivo Es Momento y Directora Periodística del Portal Politeama.pe. Alejandra también es investigadora especializada en cine, con interés en educación y política.

Diseño de imagen: Cristhian Rojas

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