Cuando trabajar es padecer

Por José Cumpa

El contexto de las protestas chilenas es terrible y a la vez esperanzador: las contradicciones propias del neoliberalismo fueron mostradas en toda su crudeza, y es a partir de esto que vale la pena revisar algunas ideas que se asumen como invariables e indiscutibles. Este artículo pretende abordar la idea de trabajo y las subjetividades creadas en las sociedades neoliberales. Invita a repensarla, pues esta deviene de trabajo en auto-explotación.

Trabajar tiene su raíz en el latín vulgar tripaliare, que es básicamente torturar. La palabra latina para “trabajo” es laboro, que es trabajar, pero también padecer. La relación entre trabajo y padecimiento parece ser también lingüística. No en vano el castigo cristiano del pecado original es el trabajo: “comerás el pan con el sudor de tu frente” se decretó a Adán, y cualquiera diría que se ha seguido pagando.

¿Cuál es la relación entre el sujeto y el trabajo en las sociedades neoliberales? Sujeto aquí es utilizado a propósito. Sujeto es el término ideal para el ciudadano neoliberal: que se encuentra debajo, sometido: ¿Por qué?

Como señala el grupo de estudios alemán Krisis en “El manifiesto contra el trabajo”: la derecha y la izquierda, con sus grandes diferencias, convergen en un punto importante: la necesidad del trabajo. Sin embargo, este trabajo se vuelve irracional: con la crisis de la sociedad del trabajo también ha quedado completamente en ridículo la afirmación de que el trabajo es una necesidad eterna, impuesta a los hombres por la naturaleza. (…) ¿Pero cómo una «ley natural» de verdad iba a poder entrar en crisis o, incluso, desaparecer? (…) ¿O cómo quieren, si no, explicar que tres cuartas partes de la humanidad se hundan en la necesidad y la miseria sólo porque el sistema de la sociedad del trabajo ya no necesita su trabajo? [1]

El trabajo como naturaleza del hombre, muta con el neoliberalismo. Ya el filósofo Gilles Deleuze [2] diferenciaba la fábrica/máquina  de la empresa, esta última instituye entre los individuos una rivalidad interminable a modo de sana competición (…) dividiéndole interiormente.  El trabajo, en las sociedades que el también filósofo Byun-Chul Han llamaría “sociedades de rendimiento[3] hace que el sujeto se vuelva empresario de sí mismo. Así, el fracaso personal termina en la culpabilidad del sujeto que ha “administrado” de manera errónea su “proyecto personal”, su “marca personal” o todos los términos que se utilizan para definir al sujeto-empresario.

La culpa que arrastra el sujeto neoliberal del fracaso de su propia marca es incluso peor que la culpa del pecado original del cristianismo: en este último, la culpa se traslada al otro, a una pareja primordial; en el sujeto neoliberal, la culpa se actualiza cada vez, como un nuevo pecado que ya no es la desobediencia, sino el fracaso.

Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal[4]. Para Byun-Chul Han, el sistema neoliberal ha vencido las contradicciones internas que, para Marx, causarían la revolución y caída del sistema capitalista.

Así, las contradicciones pasan de estar en el sistema a estar en el sujeto. Este debe superar sus propias contradicciones o fracasar en el intento. El sujeto – empresa, cada vez más dentro de sí mismo, olvida al otro. Superadas sus propias contradicciones, el neoliberalismo gana la batalla, deviene en un “fin de la historia” en los que los sujetos auto-explotados, auto-torturados, trabajadores, alimentan el capital.

Es por este motivo que las protestas en Chile son tan importantes: el sujeto auto-explotado, que ha fracasado, deja de ver en él la culpa. Aunque el sistema lo culpe, hay un punto en que esto deja de ser comprensible: “no puede ser que toda la culpa sea mía”. Es sintomático que se haya cantado “El baile de los que sobran” en las protestas. Una canción que denuncia que, si todo lo hicimos bien, ¿por qué salimos sobrando?

JOSÉ CUMPA es filósofo por la UNMSM. Miembro del grupo de estudios de filosofía política Potestas Vitae. Investigador en temas de estudios culturales, con interés en educación, poder y subjetividades.

Edición: Alejandra Bernedo y Sandra Miranda



[1] Grupo Krisis, (1999). Manifiesto contra el trabajo.

[2] DELEUZE, Gilles. (1999) Post- Scriptum sobre las sociedades de control.

[3] HAN, Byung-Chul. (2014) Psicopolítica.

[4] HAN, Byung Chul. Ob. Cit.

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