Hablemos de maternidad

¿Por qué es importante hablar de maternidad y no solo de “las madres”? Porque ser madres o no querer serlo, son formas válidas de vivir la maternidad o distanciarse de ella. Pero la maternidad, no sería una experiencia tan compleja si no fuera ésta, la nuestra, una sociedad tan desigual, tan llena de brechas, tan autoritaria e impositiva con las mujeres, con las niñas y las adolescentes.

Y es que ser madre es, ante todo, ser mujer. Y el ser mujer nos atraviesa, nos condiciona y predispone. Por eso, desde Es Momento y Politeama, quisimos preguntarles a algunas mujeres (madres y no madres) qué opinan sobre la maternidad. Acaso una de las preguntas para las que nos preparan desde pequeñas.

En esta oportunidad, hemos querido que fueran las propias mujeres las que nos digan lo que piensan. Y que lo hagan sin edulcorante, sin música de fondo, porque de eso se trata este día también, de conocer sus vivencias y de entender la verdadera voluntariedad de sus “sacrificios”.

Gracias a Mónica, Jeannette, Cecilia, Marisol, Elisa, Alexandra, Suiry, Cindy, Josefina, Paloma, Gianina y Beatriz. Gracias por confiar en este espacio y hablar fuerte sobre lo que siempre se adorna para la platea. Y gracias también a todas las madres del país, en especial, a las mamás de Es Momento. Sus hijos e hijas seguirán luchando por sus derechos.

Comencemos:

¿Qué piensan cuando piensan en maternidad?

MÓNICA CORONADO SOTELO
Activista LGBT, mamá lesbiana

“Hay que enseñarle a la sociedad y al Estado, que no hay una sola forma de ser mamá ni una sola forma de ser familia”

En el Perú, ser mamá lesbiana es redefinir el derecho a ser madre y formar una familia. Ser mamá lesbiana implica interpelar aquella noción de maternidad obligatoria para las mujeres heterosexuales y negada para las lesbianas. Ser mamá lesbiana es liberación, es romper con el silencio y la invisibilidad de las familias conformadas por dos mujeres e hijxs.

La maternidad lésbica es un acto de amor y por ello, debe ser celebrada, reconocida y protegida por el Estado. Yo, por ejemplo, no me pude casar aquí, me casé en la Argentina. Con Irina, mi esposa, tenemos una bella familia ensamblada. Nuestrxs hijxs pequeñxs van a una escuela católica allá y no presentan situaciones de discriminación ni rechazo. Tanto mis hijxs como nosotras disfrutamos de nuestra familia.

El mayor tiene 22 años y vive en Lima. Él está orgulloso de la familia que tiene, la cual lo contiene y le brinda amor. Ese cariño es muy necesario, sobre todo en países como el nuestro. El amor que le damos le ayuda a afrontar a la sociedad peruana, aún renuente de incorporar y hablar de las familias LTGBI.

Si me preguntas hoy, que es día de la madre, siento que tenemos una oportunidad de quebrar el mandato hetero patriarcal y enseñarle a la sociedad y al Estado, que no hay una sola forma de ser mamá ni una sola forma de ser familia.

JEANNETTE LLAJA
Abogada especialista en género, mamá

“Para mí, la maternidad puede ser muy gratificante y feliz, pero también dolorosa y costosa en términos de proyecto de vida”

Yo, como madre, me reivindico como alguien absolutamente imperfecta, y desde esa posición hago resistencia permanente a los estereotipos que me invisibilizan como ser autónomo y reducen la complejidad y trascendencia de esta experiencia. Estereotipos que, además, han sido utilizados para legitimar la subordinación de las mujeres.

Para mí, la maternidad puede ser muy gratificante y feliz, pero también dolorosa y costosa en términos de proyecto de vida, y creo que entre esos dos extremos vivimos la mayoría de mujeres madres. Por eso mismo, creo que debe ser una experiencia claramente voluntaria, lo que lleva a indignarme frente a las esterilizaciones forzadas cometidas en el gobierno de Fujimori y cuestionar que las técnicas de reproducción asistida sean accesibles solo a una elite de mujeres que las puedan pagar. Asimismo, me resisto a una legislación que penaliza al aborto y que, por lo tanto, somete a niñas y mujeres a maternidades forzadas.

En síntesis, podría decir que como mujer reivindico mi derecho a decidir sobre ser madre o no. Como madre, defiendo mi derecho a vivir una maternidad libre de estereotipos y reivindico mi ambivalencia frente a esta experiencia. Y desde esa posición, me comprometo diariamente a contribuir a que Paula, mi hija, sea una buena persona, sea libre y sea fundamentalmente feliz.

CECILIA VILLANUEVA CHÁVEZ
Mamá y miembro del “Grupo de Apoyo a Madres de Hijos Homosexuales”

“Para mí, ser mamá de una persona LGBT es desaprender, informarme, leer, comprender. Es entrar al clóset cuando tu hijx sale… y decidir acompañarle”

Para mí, ser mamá es vivir con temor. Me lleno de angustia cada vez que mi hijx sale a alguna reunión de amigos o con su pareja, especialmente si es fin de semana. Para mí, ser mamá es guardarme el dolor que siento porque el padre de mi hijx le culpa por tener una orientación sexual e identidad de género distinta a la mayoría.

Para mí, ser mamá en el Perú es perder algunas amistades que me acusan de ser una mala madre porque en lugar de oponerme y “corregirle”, le acepto tal y como es. Para mí, ser mamá en el Perú, es estar dispuesta a dejar atrás los prejuicios y las creencias religiosas.

Para mí, ser mamá de una persona LGBT es desaprender, informarme, leer, comprender. Es entrar al clóset cuando tu hijx sale… y decidir acompañarle. Acompañarle en todas las luchas que faltan conquistar.

MARISOL FERNÁNDEZ REVOREDO
Profesora asociada y mamá

“Di 2 años de lactar sin contar con un lactario ni una cuna en mi trabajo”

Me considero una mujer privilegiada porque nací en un hogar de clase media, he tenido educación superior y tengo un trabajo que me permite atender mis necesidades materiales y contribuir al sostenimiento de mi hogar.

Soy mamá de Camila, que ahora tiene 14 años y ha sido duro ser una mamá trabajadora. Di 2 años de lactar sin contar con un lactario ni una cuna en mi trabajo y he tenido, durante los primeros 10 años de Camila, una doble jornada de trabajo.

A veces he vivido con culpa por no dedicarle todo el tiempo que hubiera querido y también he sentido frustración porque por la maternidad he postergado varios planes. Pero este pesar es nada frente al que sufren las mamás pobres. 

ELISA VEGA FRANCO
Administradora de empresas, mamá

“Ser mamá de una joven con síndrome down es una lucha permanente. Luchamos para que sea incluida, considerada y apoyada. Nada fluye naturalmente. Cada logro es una batalla”.

Soy mamá de una joven con síndrome down en una sociedad no inclusiva. Actualmente, mi hija tiene 18 años y ha pasado por varias dificultades pese a pertenecer a un grupo económico-social con facilidades.

El primer reto para nosotros fue el acceso a la salud. Mi hija tiene una póliza de seguro privado pero los coaseguros son muy altos de pagar. Si no hubiéramos tenido el apoyo familiar, hubiese sido imposible sacarla adelante. También hemos tenido problemas con los diagnósticos médicos, no fue sino a partir del segundo año que le dieron el diagnóstico correcto. Yo me pregunto, ¿qué pasa con aquellas familias que tienen una hija o hijo con síndrome down y que no tienen acceso a la salud, o este es muy precario e insuficiente?

El segundo reto fue su escolaridad. Nosotros la preparamos para la educación inclusiva.  Menudo problema. No fue fácil encontrar un colegio regular que quisiera recibirla y que estuviera realmente preparado para realizar inclusión educativa. Tuvimos que recurrir a un grupo de profesionales particulares que da un servicio parecido (Saanee). Los costos del servicio educativo se triplicaban.

Hoy mi hija está en 4° de secundaria, llevamos 11 años insistiendo en la necesidad de que los profesores y todo el personal se capacite para atender a la diversidad de estudiantes. Yo me pregunto ¿qué pasa con aquellas niñas y niños con necesidades educativas diversas que acuden a colegios públicos o privados que no están preparados?

El reto que sigue es su inclusión en el mundo laboral. Un mundo laboral, cabe señalar, que no está listo para recibir a personas con discapacidad intelectual. Las empresas privadas, las instituciones públicas (en su mayoría) ven la inclusión como un costo económico, se fijan en la discapacidad y no en las diversas potenciales que tienen. Eso no solo frustra sus proyectos de vida, sino que daña tremendamente a la familia.

Ser mamá de una joven con síndrome down es una lucha permanente. Luchamos para que sea incluida, considerada y apoyada. Nada fluye naturalmente. Cada logro es una batalla.

Yo, como mamá, quiero que tenga una vida plena, quiero que cumpla sus sueños. Ella ha llegado al mundo para hacerme mejor persona. Hoy, gracias a ella, soy más tolerante, más humana. Seguiré luchando como mamá, para que mi hija y todas como ella, puedan tener un Perú que les abra las puertas, no un Perú que se las cierre.

ALEXANDRA HERNANDEZ
Psicóloga feminista, integrante de “Mas Igualdad”

No deseo tener hijos desde que soy pequeña, pero nunca nadie me dijo que no querer era una opción válida”.

Siento que la sociedad espera dos cosas de mí: que esté con un hombre y que cumpla con el mandato social de la maternidad. Como soy una persona bisexual, he sentido siempre que cuando estoy con mujeres disminuyen las expectativas que existen sobre la maternidad, pero cuando estoy con un chico se activan todos los mandatos para cumplir mi rol de “mujer”: tener hijos, casarme, criar, cuidar. Notar esta diferencia entre los roles es bastante fuerte porque reconozco en la heterosexualidad una carga importante de prejuicios y discriminación por aquellas mujeres que no deseamos tener hijos. 

No deseo tener hijos desde que soy pequeña, pero nunca nadie me dijo que no querer era una opción válida. Muchas veces al decir que no quiero ser madre he enfrentado las miradas juiciosas de hombres y mujeres que consideran que mi realización personal depende de mi capacidad reproductiva. Pasando los 30 es aún más fuerte esta discriminación.

SUIRY SOBRINO VERÁSTEGUI
Periodista especialista en género

“Recuerdo, por ejemplo, haberla visto organizar comidas familiares para 20 personas y pensar, ‘¿cuándo me van a dar ganas de hacer todo esto?’”

A la edad que tengo ahora, mi mamá ya tenía un niño de cinco años y una niña de tres. Cuando he hablado con ella sobre las diferencias que existen entre aquella mujer de 30 años en 1992 y yo (con esa misma edad en 2019), le comento que no me siento ni lista, ni dispuesta, ni capacitada para hacer los sacrificios que ella hacía mientras mi hermano y yo crecíamos.

No es un sentimiento nuevo, recuerdo haberlo tenido desde niña, pero no era consciente de ello. Recuerdo, por ejemplo, haberla visto organizar comidas familiares para 20 personas y pensar, “¿cuándo me van a dar ganas de hacer todo esto?”.

Como eso no ha pasado -ni pasará, sospecho- todavía intento responderme esta pregunta: ¿cuántas de nosotras rechazamos la maternidad solo por el concepto que nos han vendido desde niñas? Para que las generaciones por venir no tengan que vivir los mismos conflictos que nosotras, debemos promover maternidades felices, maternidades diversas y modelos de crianza basados en la corresponsabilidad.

CINDY QUISPE VALENCIA
Abogada

“Cuando pienso en maternidad pienso en sacrificio. Al final me pregunto si yo quisiera eso para mí o si quiera eso para otras mujeres”.

Es complejo pensar en la maternidad en un país como el nuestro. Si lo pienso de forma crítica, dejando de lado el discurso romántico sobre la maternidad, me parece sumamente injusto depositar casi todo (si no todo) el peso de la reproducción y la crianza de los nuevos ciudadanos y ciudadanas en las mujeres.

Cuando pienso en maternidad, pienso en todas aquellas cosas que esperarían de mí. Las mujeres que son madres deben cumplir con ciertos “sacrificios”, cosas específicas que deben hacer; pero, al mismo tiempo, se les pide que se vean perfectas físicamente, exitosas en el trabajo y atentas a todas las responsabilidades domésticas. Al final me pregunto si yo quisiera eso para mí o si quiera eso para otras mujeres.

JOSEFINA MIROQUESADA
Periodista y adjunta de docencia PUCP

“Ser madre es un derecho, pero también un deber. Es un deber para con las generaciones futuras”

Ser madre es una decisión. Nadie debe ser obligada a serlo, ni una mujer ni una niña. Ser madre es un derecho, pero también un deber. Es un deber para con las generaciones futuras. Uno que exige formar a niñas y niños en condiciones de igualdad y en libertad que les permita ser potenciales ciudadanas y ciudadanos de un mundo más igualitario. Es asegurarse que crezcan sabiendo qué es el respeto y el amor a la diversidad. Ser madre es una responsabilidad compartida porque uno no se hace madre sola y la crianza siempre debe ser de a dos.

Ser madre es ser guía, brújula, horizonte y ejemplo. Es amor a la potencia de infinito y es sacrificio. Nunca debe ser una carga, sino una entrega. Y el mundo debe entenderlo así. Ser madre es un trabajo remunerado en sonrisas, no valorado en el mercado. La maternidad no es un destino, es un trayecto. No lo define la sangre, sino el amor que se cultiva con los días. Es un amor correspondido. Es uno que se siente. Es un reto. Y, sobre todo, es un jugo por las mañanas, un beso en la frente y un vick vaporub.

PALOMA VENERO CRUZ
Periodista y comunicadora política

“Aun se sigue relegando mucho el rol del padre a casi un acompañamiento y facilitador”.

No soy mamá, pero soy hija, tía y amiga de muchas mujeres madres. Siento que hay una gran carga para la mujer por la dependencia biológica del bebé con la madre, pero, además, porque existe un espacio muy marcado de que es ella, la mujer, la principal responsable de la crianza, la que debe saber qué y cómo hacer las cosas. Aun se sigue relegando mucho el rol del padre, casi solo a un acompañamiento y facilitador de apoyo, no existe una exigencia social de la misma magnitud entre hombres y mujeres respecto a actividades concretas y horas dedicadas. 

Hoy por hoy, la decisión de tener o no tener hijos, te obliga necesariamente a pensar sobre a qué debes darle prioridad: si a la carrera o a la maternidad. Y si optas por ambas, pues debes contar con capacidad económica para que alguien (quizás otra mujer) se encargue del cuidado de tu hijo/a.

Tener hijos puede ser considerado una carga. Nadie quiere decirlo, pero así es. Y lo es, por que esa persona requiere de atención, dedicación exclusiva, cambio de estilo de vida, etc. ¿Dónde quedó la mujer y sus metas personales?, ¿su rol principal se enmarca en las labores de cuidado? Si ya sé que el mundo, en la actualidad, es tremendamente machista ¿me arriesgo?

Por ahora no está en mis planes ser madre y no sé si esa decisión vaya a cambiar.

GIANINA MARQUEZ
Representante de GirlGov Perú

“Las niñas son condicionadas a una maternidad obligatoria. La maternidad en la infancia está vinculada a violencia sexual”.

La maternidad en la infancia y la adolescencia suele estar vinculada a contextos de falta de oportunidades, exclusión y, en muchos casos, especialmente en las menores de 15, es consecuencia directa de la violencia sexual. En el Perú, en la mayoría de casos, las niñas y adolescentes son forzadas a gestar y a cumplir un rol materno, lo cual es una grave violación de sus derechos humanos. De hecho, organismos internacionales lo consideran forma de tortura. 

El Estado debe garantizar el ejercicio de los derechos de las niñas y adolescentes en su diversidad. La aplicación del enfoque de género y la implementación de una Educación Sexual Integral en las instituciones educativas, además de la aplicabilidad del Protocolo de Aborto Terapéutico en los servicios de salud, son elementos claves para garantizar una ciudadanía en igualdad y libre de violencia.

BEATRIZ CÓRDOVA
Politóloga, investigadora en temas de género

“Ser mujer y madre en política las coloca en desventaja frente a sus pares varones. Esto puede llevarlas a postergar su maternidad o a renunciar a ella”.

Una mujer que ingresa en política está superando una primera barrera de acceso. Si a eso le sumas su maternidad, terminas por complicar dicha variable. Y es que, las mujeres que están en política y son mamás, tratan de sortear las dificultades que conlleva el “balance” entre ser madre y ser política. Usualmente, ahí es donde suele entrar el eje económico: una mujer con ambiciones políticas que cuente con apoyo o recursos, difícilmente abandona sus ambiciones debido a esta variable.

Pero más allá de eso, lo importante es notar que, a diferencia de su contraparte masculina, esta dificultad existe y está presente para las mujeres aun antes de la vivencia misma de la maternidad. Esta realidad puede llevarlas a plantearse estrategias como la postergación de la maternidad o del inicio de la carrera política, o incluso la renuncia a la maternidad, al hallar imposible el desempeño “exitoso” en ambos ámbitos.

Por otra parte, como experiencia concreta, la maternidad suele despertar en las mujeres políticas mayor sensibilidad al tratamiento y atención de políticas públicas a favor de las madres y de la niñez. Además, la maternidad juega un rol muy relevante dentro de las campañas a altos cargos de responsabilidad política. Mujeres que se presentan a cargos como el de la Presidencia, tienen más chances de ganar si es que muestran su lado maternal en la campaña, lo que demuestra que aun las mujeres de las élites políticas no pueden escapar de los imaginarios sociales que unifican los conceptos de mujer y de madre.  

Edición: Sandra Miranda De Paz @smirandp
Directora de Politeama

Ilustración: Cristhian Rojas Suárez Presidente de Es Momento / @CristhianRS

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