“You” de Netflix y las relaciones tóxicas

Escrito por Renatto Arce *


“I am the eye in the sky, looking at you. I can read your mind I am the maker of rules, dealing with fools I can cheat you blind And I don’t need to see any more To know that I can read your mind.”

Eye in the sky – The Alan Parsons Symphonic Project.

“YOU” se convirtió en el primer éxito de Netflix en el 2019, a pesar de haberse estrenado a finales del año pasado. Al parecer, su éxito se basa, entre otros aspectos, en contar con la fórmula ideal: un reparto previamente reconocido por sus roles en series de romance, drama, thriller y hasta comedia; además de tener un buen showrunner, Greg Berlanti, la mente detrás de Arrow y Flash, quien también colaboró con Dawson’s Creek.

Empecé a ver “YOU”, probablemente con la misma premisa que ustedes: estaba viendo la historia de algo incorrecto, estaba viendo a un hombre que se sentía dueño absoluto de la vida y la privacidad de alguien que apenas acababa de conocer. Sin embargo, esa no es la verdadera historia ni el único hilo argumental de la serie.

A lo largo de diez episodios, vemos la total corrupción de Joe Goldberg, acaso el papel más retador de Penn Badgley hasta el día de hoy. Conforme avanzamos, confirmamos -para nuestro propio horror- que no es la primera vez que cae en ciertos círculos viciosos, cada uno más conflictivo, violento y condenable que el anterior. Claro está, no reparamos con facilidad porque el lenguaje de esta propuesta de Netflix está muy bien hecho y orquestado para hacernos empatizar con el acosador, con el antagonista de la historia. Todo ocurre gradualmente, como podría ocurrir con nosotros cuando comenzamos a salir con alguien.

En este plano, es fácil comenzar la historia como la comienza Joe. Conociendo al azar a Beck (Elizabeth Lail), una cliente más de su librería. Los códigos de la escena misma nos ponen del lado de Joe, haciéndolo pasar como un enamoradizo más a la espera de que las redes sociales hagan por él lo que hacen por todos: conectar con otra persona, conocerla a través de lo que le gusta, lo que no le gusta, lo que compra, lo que lee, las fotos que cuelga, las descripciones que hace de sí misma, ¿no es así?

Pues bien, creo que no. Joe lleva su búsqueda mucho más lejos de lo que puede encontrarse en un perfil público. De hecho, ya para el tercer episodio, encontramos a un Joe lleno de dudas e inseguridades, incluso flashbacks de confesiones sobre sus relaciones pasadas. Tal y como está narrada la historia, Joe aparece como un personaje que hace las cosas por amor. Cada una de sus acciones son narradas por si buscara la felicidad de Beck y, de hecho, su relación con Paco, un niño que vive en un hogar con problemas, nos da un aire paternal, como si no fuese malo del todo, como si el agresor fuese otro y no él. En fin, la historia lo proyecta como el héroe de su co-protagonista.

Beck, por otro lado, permanece inamovible en su zona de confort, dejando que se ahogue su carrera personal, priorizando la comodidad de su círculo social y desconociendo la toxicidad de la figura de Peach (su mejor amiga) dentro de su vida. Peor aún, para la desafortunada Beck, los guionistas tienen guardadas varias sorpresas hacia la mitad de la serie: Peach y Joe van a manipularla con distintos grados de sutileza, lo que da cuenta que las amistades, además de las relaciones, también pueden llegar a ser altamente tóxicas.

SPOILER ALERT SOBRE EL FINAL DE LA PRIMERA TEMPORADA

El análisis de la conducta de Beck, Joe y el resto de personajes dividió a los fans y la crítica. No faltaron quienes justificaron a Joe y culparon a Beck por no terminar a tiempo y también por traicionar a Joe, con un brillante John Stamos, en un papel a la medida.

Pero, veamos, el punto de quiebre del personaje puede ser el mismo que el de cualquiera de nosotros: dejarse llevar por el tedio, por la desesperanza y el “deber” de complacer a los demás antes que a sí misma. En medio de este cocktail, aparece Peach, su propio padre, el profesor / jefe que funge como asesor de trabajo y un curioso etcétera. Peach y Joe, por su parte, son caras de una misma moneda. Peach es una chica privilegiada económicamente mientras que Joe también es un sujeto privilegiado, pero por su sexualidad hegemónica. Por un lado, Peach usa el recurso ilimitado que su familia le ha brindado: el dinero y la influencia. Beck es para ella, una pieza de colección bastante curiosa, quizá porque es “única” a sus ojos. A esa perspectiva desalentadora, le añadimos todo lo que supone estar con Joe. A simple vista, guapo, encantador, inteligentísimo y desinteresado. Pero, por debajo, entre las frases que nos confía entre capítulo y capítulo, es un asesino.

Nos dejamos engañar fácilmente. De hecho, queremos creer, como Beck, que todo tiene una explicación y que es verdad que Joe desea lo mejor para ella. Incluso, su obsesión hace que Beck siga siendo el único objeto de su historial de búsqueda, aun en medio del idilio con Karen (hermana del pequeño Paco). Pero, vamos, nosotros mismos deberíamos espantarnos ante la sola idea de tener entre nuestros conocidos a un Joe Goldberg. ¿Lo tenemos?

La historia de Beck y Joe nos hace olvidar lo que él hizo con Peach, con Benji, lo que guarda en la caja secreta sobre el techo del baño, etc. Por un instante, nos convence que ambos personajes deben volver porque “se aman”. Empero, todavía hay un problema a tratar cuya magnitud no podemos entender sino hasta el mismísimo final de temporada: Candace. Con una voz seductora y una sonrisa reprimida, Candace es descrita por Joe como “la chica de la que me enamoré, sin saber que ella no estaba enamorada de mí”. Bajo la mirada posesiva de Joe, es válido afirmar que ella no estaba enamorada de él, pero él sí. Y esa fue su desgracia.

El personaje de Joe no puede enamorarse por completo debido ese machismo exacerbado que reproduce en cada relación. Todo ello, documentado a través de frases como:  “tranquila, Beck, esto cambiará cuando estemos juntos”; “¿quién carajo es este tipo, Beck?”; “querías un retiro literario para escribir, bien, ahora puedes hacerlo”.  

Pero a pesar de todo existe una forma de seguir. Una forma en la que Joe le habla a Beck para olvidar el pasado. Joe, “desgraciadamente” (dice el epilogo de la serie), no pudo convencer a Beck, ni a sí mismo, de poder continuar con la farsa y decidió hacer lo suyo una vez más: entregarse a la violencia como resolución absoluta de lo que él computa que es, un dios, que no puede sino castigar a Beck por su falta de amor, compromiso y devoción hacia él.

Pero no todo queda ahí, pues en los últimos diez segundos, tenemos a Candace de vuelta. Él se creía a salvo de cualquier conexión con el pasado, salvo las variables que él mismo decidió conservar (en su caja). Podría tratarse de una alucinación, podría ser que Joe jamás la mató en verdad. Habrá que esperar a ver cómo es que se resuelve este cliffhanger en la segunda temporada. Pero, ¿cómo nos deja esto a nosotros? ¿Hemos sacado alguna reflexión?

Analizar las relaciones tóxicas a partir de “YOU”

Los hábitos nocivos que llueven por montones en esta serie, no son exclusivos de Joe. Vamos, preguntémonos, ¿hemos llevado cualquier “búsqueda” de información a terrenos insospechados “por amor”?, si lo hemos hecho, nos tocará admitir que estábamos dentro de algún circulo obsesivo. Y, por otro lado, si nos damos cuenta que estamos siendo invadidos en nuestra privacidad por alguien que dice querernos, debemos huir.  

Esta historia es importante en un contexto de violencia y toxicidad como la que vivimos actualmente: es fácil pensar que Beck simplemente no quiere darse cuenta de lo que le ocurre. Pero, la evidencia nos muestra que en nuestro país hay muchas mujeres que inician ciclos de verdadero terror que pueden terminar en tentativas de feminicidio.

En el 2018, sin ir muy lejos, 139 mujeres peruanas -dentro del mismo rango de edad que Beck- reconocieron haber sido víctimas de tentativa de feminicidio. Los agresores, coincidentemente, comparten el mismo rango de edad que Joe. Y si hablamos de feminicidios, solo en el 2018, se reportó al CEM un total de 69 mujeres que perdieron la vida a manos de un hombre. Espanta pensar cuántas de ellas empezaron sus historias aparentemente románticas como las de Beck.  

Hoy es 14 de febrero, un día para celebrar, pero, sobre todo, para reflexionar sobre nuestras relaciones, la empatía que proyectamos sobre ellas y lo saludables que son. Hagamos ese ejercicio. Si las series nos ayudan a iniciar esa reflexión, bienvenidas sean.

*Renatto Arce es publicista. Actualmente se desempeña como Director de Social Media en la agencia de Publicidad Youpanqui BBDO. En el 2012 publicó su primera novela “En su voz, las dagas” (Grupo Editorial Mesa Redonda).

2 comentarios en ““You” de Netflix y las relaciones tóxicas

  1. Excelente analisis de una serie que todos debemos ver para darnos cuenta de cuan ligeros somos en nuestras apreciaciones hacia las personas que recien conocemos. Mis felicitaciones

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  2. Gracias Renatto, me parece no solo un buen análisis. En realidad, no somos totalmente buenos ni totalmente malos, pero debemos estar atentos a las relaciones tóxicas en general.

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