Los audios de la universidad

Por Rodolfo Benites (@rodolfobenitesn) / Colaborador de Es Momento

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Fuente: Andina

Históricamente, la sociedad y la universidad construyeron una relación de confianza mutua. Esta relación se basa en un doble compromiso: de un lado, la universidad se dedica a la formación de ciudadanos y a la investigación y, de otro lado, la sociedad le brinda autonomía para enseñar e investigar y le provee de recursos públicos para su funcionamiento y desarrollo.

Sobre la base de este compromiso, la sociedad tiene dos expectativas. En primer lugar, la sociedad espera que la universidad forme ciudadanos con integridad, honestidad y otros valores morales, puesto que de ello depende el funcionamiento y desarrollo social del país. Para lograrlo, la educación universitaria desarrolla un proceso fundamental: el hábito intelectual y científico de construir, solicitar y brindar razones a las afirmaciones y acciones que uno realiza. De acuerdo con el filósofo Claus Offe, este hábito nos inmuniza de los riesgos del prejuicio y la indiferencia, de las doctrinas insostenibles, los engaños y hasta la creencia en mitos.[1] Y cuando ello se logra, los ciudadanos son capaces de formarse una opinión y de realizar evaluaciones sobre la base de información, y no sólo a partir de emociones, deseos e intereses.

En segundo lugar, la sociedad espera que la universidad oriente y guíe el desarrollo político de su entorno. Se concibe entonces como un gran espacio de debate, en el que se brinda conocimiento experto sobre una variedad de asuntos y se generan críticas constructivas a las decisiones políticas.[2] Incluso, en muchos países, el Estado ha creado espacios formales de consulta a la universidad y/o ha permitido que sus representantes formen parte de órganos colegiados, en los que se toman decisiones que afectan a un sector o a una determinada circunscripción.

Hoy en día, es importante recordar estas dos expectativas puesto que de la satisfacción de ambas  depende el funcionamiento de la sociedad en un sistema democrático.[3] Con ello, quiero decir que la universidad puede y debe contribuir a las precondiciones del sistema democrático y, es en este aspecto, que también debemos evaluarla.

Audios, corrupción e universidad

La publicación de audios que involucran a jueces, políticos y empresarios en actos delictivos debe llevarnos a reflexionar sobre cómo la universidad peruana ha fracasado en satisfacer ambas expectativas.

En cuanto a la expectativa social, los audios publicados exponen una amplia red de individuos que se han asociado, a través de mecanismos formales y informales, para realizar actos delictivos y evitar cualquier sanción. Muchos de ellos son egresados de universidades públicas y privadas de aparente prestigio, que han utilizado el conocimiento y capacidad adquirida en estas instituciones para su propio beneficio, afectando al Estado y la sociedad. La transacción de delitos por dinero o favores, la defensa solapada de la corrupción, la mentira rápida frente a la evidencia y la matonería frente a la acusación fundada, son productos de un sistema universitario que parece haber fracasado.

En cuanto a lo político, basta con observar el deplorable desempeño de los representantes de la universidad ante el CNM, a saber, el ex Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) Orlando Velásquez y el suspendido Consejero Iván Noguera. Al verlos, uno se pregunta: ¿cómo llegaron estos personajes a representar a la universidad pública y privada en tan importante institución?[4] ¿Cómo pudieron utilizar la confianza social, respecto a su conocimiento experto e imparcialidad, para afianzar una red amplia de corrupción?

Considero que existen dos razones que pueden explicar el fracaso de la universidad peruana frente a estas dos expectativas: la corrupción y la indiferencia. La corrupción en la universidad no es nueva. Fue denunciada hace poco, durante el periodo 2012 – 2016, cuando se formulaba, debatía, aprobaba e inició la implementación de la nueva Ley Universitaria. Allí, un grupo de rectores de universidades públicas y privadas (agrupados, primero, en la extinta Asamblea Nacional de Rectores – ANR, y luego, en la Asociación de Universidades del Perú – ASUP) se opuso abiertamente a la regulación de las condiciones del servicio educativo y a modificaciones que introducían, entre otras cosas, la transparencia y democracia en su funcionamiento. Denunciaron, y aún denuncian, que la Ley constituye una intervención abusiva de la universidad, de corte dictatorial.

Durante este proceso, consiguieron fácilmente el apoyo de empresarios educativos, medios de comunicación y partidos políticos como el APRA y Fuerza Popular. Todos remaron hacia una misma dirección: mantener a la ANR y la gobernabilidad del sistema universitario construida por esta institución. Ahora sabemos que lo que la ANR/ASUP y sus aliados defendían era un sistema auto regulatorio, plagado de corrupción, permisivo – y hasta facilitador – de prácticas delictivas. Un sistema que extiende sus redes de poder hasta la cima de la política y persigue, entonces, fines muy distintos a los educativos. Orlando Velásquez e Iván Noguera son la institucionalización de ese sistema perverso: la universidad peruana de rodillas a la corrupción.

Es claro que no sólo fueron los operarios dentro y fuera del sistema universitario los responsables de esta situación. Fue también la extendida indiferencia. Por ejemplo, ¿dónde estaba la Federación de Instituciones Privadas de Educación Superior o el Consorcio de Universidades cuando la ASUP eligió al Sr. Noguera[5] como representante de las universidades privadas ante la CNM? ¿Dónde estaba la Asociación Nacional de Universidades Públicas del Perú cuando se eligió al Sr. Velásquez como Presidente del CNM, quien claramente no los representaba? ¿No ameritaba en ese momento – y no ahora – un comunicado rechazando estas elecciones? La llegada de ambos al CNM, con serios cuestionamientos[6] y a través de procesos de elección que no aseguraban representatividad, representa la terrible indiferencia por parte de muchas universidades fuera de la ASUP.

Finalmente, ¿dónde estuvo el Estado todo este tiempo? ¿No sabe acaso el Ministerio de Educación y la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria que existen más de 20 representaciones de universidades públicas y privadas en órganos colegiados? ¿Qué acciones han tomado para evitar que estos representantes se elijan en procesos sin ningún criterio de representatividad e integridad? Desde un comunicado de noviembre del 2014[7], no hay alerta pública sobre estos procesos.

Una oportunidad de lujo

Lo grave de la corrupción es que, a la larga, corrompe a todos. Con el tiempo, la corrupción pervierte a más y más ciudadanos, afectando directamente su honestidad intrínseca; volviéndolos cada vez más tolerantes al quebrantamiento de la ley.[8] En nuestro país, la persistente impunidad le ha dado, desde hace décadas, un empuje extra. Asumiendo su responsabilidad, ¿qué puede hacer la universidad frente esta situación?

Existen, por lo menos, tres acciones importantes. En primer lugar, es necesario que una gran parte de la comunidad universitaria deje de lado la indiferencia y el silencio. La universidad sufre de esa fuerte presión de grupo a la que aludía el psicólogo Solomon Asch. Muchos estudiantes y profesores conocen el actuar de sus respectivos rectores y vicerrectores, y se oponen – en lo privado – a su actuar corrupto y perverso. Tal como sugiere Asch, se necesita romper la aparente unanimidad[9] para iniciar un cambio. Por ello, se necesita que estudiantes, profesores y autoridades honestas e íntegras se opongan abiertamente a las decisiones de autoridades universitarias que busquen mantener el status quo.

En segundo lugar, si la universidad quiere formar parte del cambio del país, ésta tiene que autoevaluarse en términos de su contribución social y política. Así, es necesario que las universidades reflexionen sobre los perfiles de egreso, las mallas curriculares de sus carreras, y los contenidos de los cursos, buscando que estos instrumentos se orienten a la formación de ciudadanos con comprensión de su entorno, empatía e integridad. Específicamente, la Ley Universitaria vigente les brinda la oportunidad de estructurar estudios generales, un periodo de estudio en donde la enseñanza de las Artes e Humanidades[10] ha demostrado efectos positivos en la formación de ciudadanos con estas características.

En tercer lugar, es urgente que la universidad participe activamente en los procesos nacionales de consulta popular para los temas planteados por el Presidente de la República en su reciente Mensaje a la Nación. Ante la triste situación de los partidos políticos peruanos y sus nexos con la corrupción y la impunidad, la universidad está llamada a fomentar el debate abierto e informado sobre las reformas políticas propuestas por el Ejecutivo. Parece ser que el Presidente ha creado una oportunidad de lujo para la universidad. Una que le permita recuperar la credibilidad perdida y empezar a responder a la expectativa política que la sociedad tiene de ella, tras haberla perdido por décadas de corrupción e indiferencia.


[1] Offe, K. (2008). Do Western Universities have mission to educate? HSG Working Papers, N°20.

[2] Calhoun, C. (1992). Habermas and the Public Sphere. Cambridge. MIT Press.

[3] Dahl, R. (2006). On Political Equality. Yale University Press. New Haven & London.

[4] Recomiendo este ejercicio luego de escuchar los audios en donde el Sr. Noguera es protagonista, su presentación en el Congreso de la República y las declaraciones del Sr. Velásquez respecto de los presuntos hechos delictivos de sus Consejeros.

[5] El Sr. Iván Noguera es graduado de la maestría de derecho penal de la Universidad San Martín de Porres, ex Vicerrector de Investigación, Director de Posgrado, y profesor principal de la Universidad Tecnológica del Perú, según su hoja de vida en el CNM (https://www.cnm.gob.pe/biografia?entryId=74476). Ambas universidades forman parte de FIPES.

[6] En el caso del Sr. Velásquez, el Diario El Comercio alertó en el 2015 una veintena de investigaciones fiscales (https://elcomercio.pe/politica/justicia/nuevo-miembro-cnm-20-investigaciones-fiscales-383511). En el caso del Sr. Noguera, IDL Reporteros emitió una nota en el 2015 informando sobre sus sentencias en el Poder Judicial (https://www.idl.org.pe/noticias/desprestigio-en-el-cnm-cnm-juramentara-noguera-ramos-pesar-de-graves-denuncias).

[7] Comunicado disponible a través del siguiente enlace: http://www.minedu.gob.pe/minedu/archivos/comunicado_leyuniversitaria.pdf

[8] Gächter, S. & Schulz, J. (2016).  Intrinsic honesty and the prevalence of rule violations across societies. Nature, 531(7595), 496.

[9] Asch, S. (1955). Opinions and Social Pressure. Scientific American, 193 (5).

[10] Sobre la importancia de enseñar las artes e humanidades en la universidad, recomiendo leer la nota de Harvard Magazine sobre el tema y el reporte producido. Ambos disponibles a través del siguiente enlace: https://harvardmagazine.com/2013/06/reinvigorating-the-humanities

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